Entrevistamos a un interno

Ecosde_AdminPor Ecosde_Admin|19 de mayo de 2026|6 min de lectura

“La cárcel no es una película: conversación sobre prisión, reinserción y realidad social”

Ecos del Mundo

Gracias por estar aquí y por compartir tu experiencia. La primera pregunta es casi obligada: ¿la cárcel es realmente como la imagina la mayoría de la gente?

JLP

No. La mayoría de la gente tiene una imagen completamente distorsionada de lo que es una prisión. Creen que es una película americana: violencia constante, monos naranjas, mafias, gritos… y la realidad es muchísimo más compleja y mucho más humana.

La cárcel es una ciudad dentro de otra ciudad. Allí hay gente que trabaja, estudia, cocina, limpia, hace deporte, se deprime, ríe y sobrevive. Cuando la conoces de cerca, entiendes que detrás de cada interno hay una historia distinta.


Ecos del Mundo

¿Recuerdas cómo fue tu entrada en prisión?

JLP

Perfectamente. Eso no se olvida nunca.

Hay dos momentos muy duros: entrar detenido o presentarte voluntariamente sabiendo que vas a quedarte allí. Y aunque uno quiera aparentar tranquilidad, el miedo es enorme. La incertidumbre te destroza.

Recuerdo especialmente a la gente esperando con una maleta durante horas para ingresar. Ahí entiendes que la vida acaba de cambiar por completo.


Ecos del Mundo

¿Qué es lo más difícil psicológicamente dentro de prisión?

JLP

La pérdida de control sobre tu vida.

Fuera decides cuándo sales, cuándo comes, cuándo ves a tu familia. Dentro no decides prácticamente nada. Y eso desgasta muchísimo.

Además, el tiempo funciona de otra manera. Un día puede hacerse eterno. Y después de muchos años preso aparecen problemas de ansiedad, depresión e incluso miedo a recuperar la libertad.


Ecos del Mundo

¿Miedo a la libertad?

JLP

Sí, aunque suene raro.

He conocido personas que después de más de diez años presas salían de permiso aterrorizadas. Gente que salía varias horas antes para volver al centro aunque estuviera cerca, solo por miedo a llegar tarde y perder un permiso.

La prisión acaba afectando también a tu manera de relacionarte con el exterior.


Ecos del Mundo

En la charla hablabas mucho de exclusión social. ¿La cárcel refleja problemas previos de la sociedad?

JLP

Totalmente.

Muchísima gente que entra en prisión ya venía rota desde antes. Personas sin estudios, con adicciones, familias desestructuradas, pobreza extrema o problemas de salud mental nunca tratados.

Eso no justifica el delito, pero sí ayuda a entender por qué determinadas personas terminan entrando y saliendo constantemente de prisión.


Ecos del Mundo

Has mencionado varias veces el narcotráfico en el sur de España. ¿Qué papel juega?

JLP

Un papel enorme.

Hay chavales jóvenes que ven cómo alguien gana en un día lo que un trabajador normal gana en un mes. Y claro, competir contra eso es muy difícil.

Cuando un joven ve que haciendo de punto para una narcolancha puede ganar 800 o 1.000 euros al día, mientras trabajando legalmente apenas llega a fin de mes, el problema ya no es solo policial: es social y económico.


Ecos del Mundo

¿Crees que el sistema penitenciario español reeduca realmente?

JLP

Creo que tiene intención de hacerlo, pero no siempre tiene medios reales.

La Constitución habla de reinserción y reeducación, pero luego te encuentras con trabajadores sociales saturados, psicólogos con cientos de internos y una burocracia enorme que impide muchas veces hacer un seguimiento humano real.

La falta de recursos no la sufre solo el funcionario; la sufre sobre todo el interno.


Entrevistador:

Entonces, ¿qué falla exactamente?

Entrevistado:

Falla la individualización.

Cada persona necesita algo distinto. No necesita lo mismo alguien con estudios y apoyo familiar que una persona que no sabe leer, tiene problemas de drogas y lleva entrando y saliendo de prisión desde los veinte años.

Pero muchas veces el sistema trata situaciones completamente distintas de manera muy parecida.


Entrevistador:

También hablaste del estigma social. ¿La condena termina realmente al salir?

Entrevistado:

Muchas veces no.

Ese es uno de los grandes problemas. Tú cumples tu condena, pero la sociedad sigue viéndote como “el delincuente”. Encontrar trabajo, recuperar relaciones o volver a sentirte normal puede ser muy complicado.

Y claro, si una persona siente que nunca va a dejar atrás esa etiqueta, la reinserción se hace muchísimo más difícil.


Entrevistador:

¿Qué papel juega la familia en todo esto?

Entrevistado:

Fundamental.

Yo me considero un privilegiado porque siempre he tenido apoyo familiar. Tengo una mujer, hijos, hermanos… personas esperándome fuera.

Pero hay internos que no tienen absolutamente a nadie. Y eso cambia completamente las posibilidades de reconstruir una vida al salir.


Entrevistador:

¿Hay demasiada distancia entre la sociedad y la realidad penitenciaria?

Entrevistado:

Sí, muchísima.

La sociedad habla constantemente de prisión sin conocerla realmente. Se critica si hay gimnasio o piscina, pero nadie habla seriamente de salud mental, adicciones o reinserción.

La cárcel sigue siendo un lugar que preferimos no mirar.


Entrevistador:

¿Qué te sorprendió más durante tu experiencia?

Entrevistado:

Descubrir hasta qué punto muchas personas solo necesitan que alguien las escuche.

Hay internos que simplemente quieren hablar contigo cinco minutos porque nadie les pregunta nunca cómo están.

Y también me sorprendió ver personas muy destruidas socialmente, gente completamente abandonada antes incluso de entrar en prisión.


Entrevistador:

¿Qué opinas del trabajo social dentro de prisión?

Entrevistado:

Que es absolutamente imprescindible.

Pero también creo que solo debe dedicarse a eso quien tenga verdadera vocación. Porque emocionalmente es muy duro.

Si escuchar ciertas historias deja de afectarte, tienes que dejar el trabajo. Porque el día que te acostumbras al sufrimiento ajeno, el sistema empieza a romperse.


Entrevistador:

¿La prisión puede cambiar a una persona?

Entrevistado:

Sí, pero no automáticamente.

La cárcel por sí sola no cambia a nadie. Lo que cambia a una persona es el trabajo psicológico, educativo y social que pueda hacerse durante ese tiempo… y también las oportunidades reales que tenga fuera.


Entrevistador:

¿Qué debería entender la sociedad sobre las prisiones?

Entrevistado:

Que casi todos los presos van a salir algún día.

Y entonces la gran pregunta es muy sencilla:

¿Qué tipo de persona queremos devolver a la sociedad?

Porque podemos devolver personas más destruidas, más resentidas y más excluidas… o personas que realmente hayan tenido una oportunidad de reconstruirse.

Esa decisión no afecta solo a quien está preso. Nos afecta a todos.”


Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *